Cop 26: Bla, bla, bla

Por Luis Alberto Piedra Leiva
La conferencia que definiría el rumbo de la humanidad sobre el planeta, se convirtió en una rueda de negocios privados, escenario de derroche de Co2 y promesas vacías, en una negociación no vinculante y donde se hizo énfasis en aplicar para salir de la crisis ambiental, las mismas formulas que nos han conducido a ella.

En Glasgow, la capital de Escocia, entre el 31 de octubre y el 13 de noviembre del presente año, el Reino Unido, en asocio con Italia, realizaron la vigésima sexta 
Conferencia de las Partes de la Convención de Naciones Unidas sobre Cambio 
Climático, programada originalmente para llevarse a cabo en 2020,  y que fue 
aplazada con motivo de la pandemia de COVID 19 que asoló el planeta.
                                               
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MemoriasCop26

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No más tala...
Como objetivo destacable de las declaraciones Cop 26, se destaca la meta de reducir la deforestación a cero, en el 2030, con excepciones hechas por países como India, y adhesiones deleznables como la de Brasil. 
Esta meta, es a todas luces imposible de cumplir con el actual estado de cosas, con una explosión demográfica desbordada, presionando por recursos, países pobres que aún tienen bosques, reclamando su derecho al desarrollo, frente a países desarrollados, que ya no tienen bosques, y que pretenden que los otros conserven lo que ellos no pudieron o quisieron conservar.

 

El problema de este tipo de metas es que se pueden no cumplir por cambios en gobiernos, regímenes y situación internacional, que se pueden cumplir pero que para la fecha haya poco o nada que proteger, pues la meta para conservar es también meta para los deforestadores, y por último que se obedezca y no se cumpla, como suele suceder tantas veces en las sociedades humanas complejas.

 

Ya en 2014 la Declaración de Nueva York había anunciado terminar con la mitad de la deforestación para 2020 y totalmente para 2030, firmado por 40 gobiernos, no tuvo presencia de Brasil ni de Rusia, y su rutilante fracaso se debió, fundamentalmente, al igual que la Cop 26, a su carácter voluntario no vinculante. En 2019 un informe develó su fracaso en la medida del aumento desmedido de la deforestación. 

 

En el caso de Colombia, el principal problema ambiental es la deforestación, la cual en la mayoría de los casos es realizada por actores “ilegales”, entes invisibles jurídicamente, pero reales depredadores de los bosques, en aras de potrerización para ganadería, mercado de maderas, monocultivos legales e ilegales, transversalizando estos procesos mediante el ejercicio de la violencia o la amenaza de esta, e instrumentalizando actores armados tanto irregulares como estatales.

 

Los precios récord de la madera en Estados Unidos, esta haciendo que las cotizaciones relacionadas, tengan una vigencia de cinco días, o menos, dada la volatilidad del mercado. Ante esta bonanza representada por demanda de bienes la presión sobre los bosques aumenta, estimulada además por ese plazo de 2030 donde se debe tener deforestación cero, según los acuerdos Cop 26.

 

La deforestación de la amazonia colombiana es un tema de capital importancia, dada su enorme extensión, los ínfimos recursos invertidos en su control y protección, y el fenómeno del narcotráfico en sus diferentes etapas, permeando las sociedades rurales y urbanas, y legalizado en muchos casos sus capitales mediante más deforestación para ganadería extensiva y monocultivo. Además, al ser un asunto que atañe a los diferentes países de la cuenca amazónica, la ausencia de consenso, los intereses encontrados entre conservación y desarrollo, y los bandazos propios de las democracias, hacen compleja la mera formulación de políticas, ni se diga su implementación y sostenimiento.

Metano
Otra optimista meta de Cop 26, reducir las emisiones de metano en un 30% para 2030, acuerdo firmado por muchos de los países asistentes, peros sin la decisiva participación de Rusia, China e India.

Esta carencia de consenso convierte esta meta, en el mejor de los casos, en un esfuerzo parcial, injusto e insuficiente frente a las metas globales.

Australia argumentó que sus vacas no contribuyen al cambio climático, y son parte del ciclo biogénico del Metano. Por eso no firmaron el documento de la Cop 26 Glasgow, de reducción del 30% de emisiones de metano para 2030, conformando un bloque con Argentina, Nueva Zelandia, Brasil, Paraguay, Uruguay e India.

El tema alimentario no estuvo ni remotamente en discusión en la Cop 26, dados los intereses de las industrias cárnicas y de alimentos asociados a esta explotación, siendo demás ignorado el tema del monocultivo. con sus profundas implicaciones.
 

Esta carencia de consenso convierte esta meta, en el mejor de los casos, en un esfuerzo parcial, injusto e insuficiente frente a las metas globales. Australia argumentó que sus vacas no contribuyen al cambio climático, y son parte del ciclo biogénico del Metano. Por eso no firmaron el documento de la Cop 26 Glasgow, de reducción del 30% de emisiones de metano para 2030, conformando un bloque con Argentina, Nueva Zelandia, Brasil, Paraguay, Uruguay e India.

El tema alimentario no estuvo ni remotamente en discusión en la Cop 26, dados los intereses de las industrias cárnicas y de alimentos asociados a esta explotación, siendo demás ignorado el tema del monocultivo. con sus profundas implicaciones.
 

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Financiación
La crisis global es una crisis de valor. La dictadura del dinero fiat (Hágase), sin ningún sustento mas allá que el futuro, los commodities de materias primas respaldando las operaciones financieras mundiales, es una de las causas fundantes, junto a la explosión demográfica, de la crisis ambiental. 

El patrón oro fue eliminado en 1971 por el presidente de Estados Unidos, Richard Nixon, y al ser el dólar moneda de reserva mundial, esta decisión influyó notablemente en los bancos centrales alrededor del mundo, abriendo la brecha para la especulación financiera, y la flexibilización cuantitativa. La derogación en 1999 de la legislación Glass-Steagall, promulgada en Estados Unidos 1932, sobre banca comercial y banca de inversión, abrió de manera total la puerta a los mercados de derivados, coincidiendo además con una emisión desbordada por parte de la Reserva Federal, ocasionando distorsiones económicas de profundo calado.

 

El efecto Cantilion, generado por una emisión desbordada de dinero, con tasas de interés nulas o negativas, permite un enriquecimiento exponencial del 1% del 1% más rico, mientras mediante la inflación se saquean los bolsillos de la población con una dramática perdida del valor adquisitivo de la moneda. La trampa de la deuda se convierte de esta manera en el yugo invisible de la sociedad.

 

Frente al dinero fiat, pieza fundamental del esquema Ponzi de la economía mundial, el oro sigue siendo un real contenedor de valor, desde hace como 6.000 años, pero su manejo hoy lo ha hecho obsoleto; frente a esta necesidad, el bitcoin emerge como solución de dinero “duro”, pues su minado ha requerido grandes cantidades de energía acumulada, valor consolidado del ayer, frente al incierto soporte del dinero de los bancos centrales. En una economía basada en los futuros de material primas, commodities, y frente a la crisis de la cadena logística mundial, ese endeble soporte se tambalea, generando un efecto dominó de imprevisibles consecuencias económicas, sociales, políticas y ambientales. 

 

Las crisis del 2000 con las punto com, la del 2008 con la crisis de las hipotecas, y la crisis del COVID 19, la cual todavía estamos cabalgando son meros preludios a la crisis porvenir. El dólar como moneda de reserva mundial esta soportada, aparte de los futuros de materias primas, en las bases militares de Estados Unidos alrededor del mundo. 

En la operación de reseteo de la economía global, el cambio climático solo es la financialización de la naturaleza y de su crisis, así como el metaverso es la contracara de este intento. En la medida que la sociedad se desmaterializa, el entretenimiento juega cada vez más un valor preponderante en la vida de sus gentes.

La Cop 26 insistió en que todo se soluciona con dinero (falso - fiat). y la tan cacareada meta de los cien mil milones de dólares aportados por los paises ricos a los pobres para “luchar” contra el cambio climático, ni resuelve el problema, ni se trata de transferencias reales de recursos, pero sobre todo, es tan difícil recaudarlos, que este año, a diciembre, solo han entregado 80 mil millones, y los resultados reales de tales transferencias de recursos son ínfimos, pues todos los indicadores marcan una situación cada vez más alarmante, tanto en relación con el cambio climático, como con la dramática pérdida de biodiversidad.

Movilidad
El publicitado acuerdo en relación con transporte en transición energética, producto de Cop 26 es otro saludo a la bandera, pues el compromiso de electrificar el transporte, asumido por gran cantidad de países, también con metas post 2030, y también no vinculante, tuvo solamente la ausencia de tres países, un numero minoritario en relación con los firmantes, pero son tres de los cuatro mas grandes fabricantes de autos, Estados Unidos, Alemania y China. Entonces, otra rimbombante declaración para descrestar incautos con mucho ruido y muy pocas nueces, partiendo de nuevo de la premisa, discutible, de la sostenibilidad de la movilidad eléctrica.

 

Presencia colombiana
La presencia nacional en la Cop 26 se incluyó en un periplo que el presidente Duque emprendió por Europa, siguió en Dubai y termino en Israel, con una comitiva de 148 personas, ente los que se destacan más de 20 invitados, sin ninguna conexión ni con el tema Cop 26, ni con el Estado colombiano. 
En esta conferencia el presidente evitó referirse a los temas ambientales que incomodan el discurso oficial, como su posición frente al fracking, el cual en campaña se comprometió a prohibir, y ya como presidente se ha dedicado a darle viabilidad. 

 

El Pacto de Escazú, el cual fue firmado, y radicado ante el congreso por parte del gobierno Duque con mensaje de urgencia, pero fue hundido por la misma bancada de gobierno, sin pena ni gloria. Ya en Glasgow, el presidente Duque, informó que se radica de nuevo el proyecto ante el Senado para que Escazú sea una realidad, esta vez ya sin mensaje de urgencia, y ante una corporación donde la mayoría de senadores, por sus intereses particulares, no tienen prioridad en aprobar. Al cierre de esta edición, diciembre 10 de 2021, el proyecto aún ni siquiera ha sido radicado ante el Senado. Al decir de voceros del partido de gobierno, Escazú detendría el desarrollo del país, mientras tanto, Colombia continúa liderando el nefasto índice de lideres y lideresas ambientales asesinados, de manera sistemática e impune en la gran mayoría de casos.
 

La esencia del fracaso ambiental colombiano en los últimos años, aparte del modelo extraccionista, obedece a la no implementación del acuerdo de paz entre el Estado colombiano, por una parte, y las FARC por otra, dada la intención manifiesta del partido gobernante de “hacer trizas la paz”. Aunque esto no ha sido posible, dada la arquitectura jurídica que soporta el Acuerdo, y da estructura a la Jurisdicción Especial para la Paz, el Estado solo se ha limitado a procesos de reincorporación de excombatientes, olvidando aspectos esenciales como la política agraria integral y la sustitución de cultivos ilícitos, entre otros temas pendientes, así como no haber el Estado, copado las áreas donde las FARC ejercían control territorial, más allá de la presencia militar y policial, insuficiente además. 

 

Este abandono permitió la llegada de todo tipo de fauna delincuente tales como carteles mexicanos, disidencias de las FARC, neo paramilitares y traficantes “pura sangre” a estas zonas, implementando no solo siembra, procesamiento y tráfico de drogas, sino minería ilegal (ni una palabra en Glasgow alrededor del tema), coptamiento de las débiles instituciones estatales, y una fragmentación real del país.

La delegación colombiana a Cop 26 se comprometió a metas dignas de países desarrollados, con la salvedad que estos compromisos los deben cumplir otros, sin que sean política de Estado, y cuyas declaraciones solo sirven para la foto, y su réplica por la mega matriz mediática. La cifra de los 180 millones de árboles prometida por Iván Duque al comienzo de su gobierno genera dudas. Mientras en Glasgow el presidente Duque afirmó haber adelantado ya la siembra de más de 100 millones de individuos arbóreos, el Sistema de Información Ambiental de Colombia, solo registra en su sistema algo menos que 60 millones. 

 

La asistencia de Colombia a Cop 26, y sus declaraciones y compromisos, por momentos parecía una puesta en escena nivel oficial de un país imaginario, como el que narra la cinta “Encanto” de Disney, cuando la realidad es que la Colombia 2021, si bien es la de un país alegre, no es la de un país feliz, ni mucho menos de un país sostenible.

Sin embargo, el problema de la sostenibilidad se enfrenta en todo el mundo con el factor económico y sus presiones sociales y políticas, generando la disyuntiva de crecimiento o conservación, por lo que habitualmente la naturaleza queda rezagada frente a los intereses económicos. Los políticos piensan en las próximas elecciones, y los empresarios, en los resultados del próximo trimestre, nada mas.

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La nueva zona de reserva biológica marina entre Colombia, Ecuador y Costa Rica, la mayor de América, es otra proclama sin mayores efectos prácticos. La ausencia de control y protección a los recursos pesqueros, la legislación colombiana en relación con la captura de aletas de tiburón, la pesca de arrastre, la degradación oceánica por contaminación de microfibras, plásticos, aguas servidas y el irrefrenable aumento del nivel del mar, ocasionado por el cambio climático, son problemas que no pueden ser resueltos por declaraciones públicas sin sustento real.

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El siguiente gráfico suministrado por el Ministerio de Ambiente de Colombia, resume desde la óptica oficial, los logros de la delegación de 148 compatriotas que, en representación oficial, se desplazaron hasta Glasgow, Escocia, para “poner el alto el nombre de la patria”, comprometer al país con metas que otros deben cumplir, y buscar “inversión extranjera”. El presidente Duque anunció con su habitual tono superlativo, que Colombia había obtenido más de dos mil millones de dólares en inversión para enfrentar el cambio climático.

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Fila superior, de izquierda a derecha:

El país espera reducir sus emisiones de GEI en 51% para 2030. Con las actuales metas de deforestación, potrerización, minería legal e ilegal, radical dependencia del petróleo, continuación de la guerra a las drogas, precariedad de la transición energética, y crecimiento económico nulo gracias a la devaluación de la moneda, amén de la presión demográfica, se ve esta meta más como una utopía que como un objetivo plausible. 

En el caso de la movilidad de Medellín, por ejemplo, sobre un parque automotor de cerca de 1.800.000 vehículos, incluyendo motos, menos de 500 son eléctricos; mientras el presidente Duque se compromete a metas ambiciosas, los concesionarios siguen vendiendo vehículos a gasolina o diésel, a solo 9 años del 2030, cada vez con mayores facilidades, mientras la movilidad colapsa en la ciudad, y el aire se hace cada vez más irrespirable. En Medellín la contaminación de aire tiene como origen, en un 40% en fuentes fijas, industrias, hogares, comercio, etc., y un 60% en fuentes móviles, transporte público y privado.

 

Fila superior, de izquierda a derecha, segunda columna: 

Dice: Firma de crédito para mitigación climática por US$600 millones. Aumentar la deuda externa de Colombia, sin claridad para la opinión pública de quienes son los prestamistas, con qué tasas de interés, a que tiempo de retorno, parámetros de evaluación y seguimiento a los proyectos de mitigación involucrados, así como otras consideraciones contractuales, hacen opaco este anuncio. 

 

Está claro que los aportantes son prestamistas privados, banca de inversión y mercados de financiación con supervisión directa, contratistas dirigidos, y alta opacidad frente  la ciudadanía, lo cual sumado a nuestra endémica corrupción a todos los niveles, y a la presencia de actores armados ilegales en gran parte del país, hacen poco prometedoras estas supuestas inversiones. Los anteriores peros, en el caso que se logre desembolsar el crédito, o sea, proceso “exitoso”; lo otro es que el dinero no llegue, llegue muy incompleto, gracias a costos financieros, comisiones, asesores y otros peajes, o que se quede en magníficos anuncios al estilo Cop 26, declaraciones pomposas, pero sin sustento real.

 

Fila superior, de izquierda a derecha, tercera columna: 

Loa recursos prometidos por Reino Unido, Noruega y Alemania, se inscriben, como todos los anuncios de la Cop 26 en un futuro infinitivo imperfecto, o sea, puede que sí, pero también puede que no. Si estos recursos son realidad, se canalizan por cooperación internacional, donde los únicos beneficiados son los países donantes, pues el grueso del dinero se queda en operadores financieros, administrativos, logísticos, asesores y proveedores, todos direccionados por el país donante, y solo una fracción del total prometido llega al país ayudado, y allí comienzan los peajes de la corrupción local. 

 

Además, en la mayoría de operaciones de cooperación internacional, existen costos geopolíticos no muy visibles, pero reales, incluida la merma en la influencia de las instituciones nacionales, y su consiguiente pérdida de soberanía. 

 

Por último, la cooperación internacional contribuye a la publicidad positiva para los gobiernos de los países donantes, instrumentalizando su ayuda a consolidar la imagen de benefactor, como punta de lanza para nuevas operaciones de negocios internacionales, e insumo para movidas políticas de carácter local en sus países de origen.
 

Fila superior, de izquierda a derecha, cuarta columna: 

Disposición de inversión por parte de organismos internacionales. Una figura no vinculante, un mero saludo a la bandera, un “claro que hay dinero, presenta el proyecto”, elementos importantes pero insuficientes para declararlos como un logro del país, y sumarlos a las cuentas alegres del gobierno colombiano. Un balance que refleja el afán de crecer las cifras, así sean hipotéticas, para quedar bien.

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Segunda fila de arriba hacia abajo, de izquierda a derecha, primera columna: 

El gobierno se compromete a declarar 16 millones de hectáreas como áreas protegidas, para un total de 28 millones de hectáreas en áreas protegidas en Colombia,  lo cual, cuando lo haga, si lo hace, en nada cambiará la realidad de los territorios, gracias a las estructuras ilegales que han cooptado gran parte del país, a la insuficiencia de recursos para su vigilancia, control y protección, y a la corrupción endémica que caracteriza a Colombia, en un momento que la cocaína y el oro van por precios récord, con un peso colombiano devaluado, y un marco ético del todo vale.

 

El hecho de no implementar el acuerdo de paz del Estado colombiano y las FARC, aumenta la presión ilegal sobre los recursos naturales. Si hoy, Parques Nacionales es una institución con enormes responsabilidades e ínfimos recursos, con el aumento nominal del área protegida, aumentará el abandono, teóricamente disfrazado de protección ambiental, con los riesgos que generan este tipo de medidas en medio de una guerra más que perdida contra las drogas. No se menciona reforma agraria, censo rural ni nada que se parezca en las declaraciones oficiales de Colombia en la Cop 26.

 

Segunda fila de arriba hacia abajo, de izquierda a derecha, segunda columna: 

El CAF (Banco de Desarrollo de América Latina) aporto un millón de dólares, el único aporte consolidado entre más de dos mil millones anunciados por el gobierno.

Segunda fila de arriba hacia abajo, de izquierda a derecha. tercera columna:

Otro anuncio millonario con datos ambiguos y donantes indeterminados.

En resumen, el desempeño de Colombia se puede resumir en un viaje con alta huella de Co2, una delegación más que numerosa, unas declaraciones sesgadas y unos compromisos vagos.

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El hecho de no ser vinculante, relativiza, y de qué manera, los resultados reales de este tipo de reuniones de carácter multilateral. Muchos países asumieron metas a 2030, en el caso específico de la deforestación, sin embargo, grandes deforestadores como la India, se compromete a frenar esta en el 2070. o vinculante. 

Por otra parte, en la redacción del documento final, muchos países se fijaron metas de, por ejemplo, el 2030, o después, siempre que sea posible, o eufemismos tramposos por el estilo. La declaración conjunta de Estados Unidos y la República popular de China, de implementar medidas contra el cambio climático, no pasa de ser otro anuncio insustancial, para titulares de dos días, sin ninguna trascendencia.

 

Se destacó el oportunismo de China e India en relación con la frase del carbón en la declaración final de la Cop 26. De “Eliminar progresivamente el carbón”, terminaron por sustituirlo en la declaración final por “reducir paulatinamente el uso del carbón”.

Se evidencia también la doble moral de Biden, mientras por un lado se comprometía a “luchar” contra el cambio climático con declaraciones falsamente vigorosas, por otro, el gobierno federal generaba una asignación de bloques petroleros récord en Estados Unidos.

¿Y del libro de reglas del Acuerdo de París, Qué? 
Sigue en negociación y ajuste según las autoridades Cop 26. O sea nada. Y esta era la razón fundamental de tan aplazada Cop 26. 
En la COP24 de 2018, los líderes mundiales acordaron elaborar un conjunto de normas destinadas a ayudar a frenar el calentamiento global, el llamado Libro de Reglas de París o Paris Rulebook, que se supone, pondrá en marcha el Acuerdo de París, sin embargo, no resolvieron una cuestión crucial y compleja que implica cómo los países comercian y contabilizan ciertos tipos de contaminación. 

 

Los organizadores de la COP26 afirman que las prioridades del reglamento son: encontrar una solución a los mercados de carbono mediante la creación de un sistema sólido de créditos de carbono; resolver las cuestiones relacionadas con la transparencia, implementando un sistema que anime a todos los países a cumplir sus compromisos; y negociar un acuerdo que impulse la ambición de los gobiernos para cumplir el objetivo de mantener el umbral de 1,5°C.

 

Destacamos algunos temas ignorados por la Cop 26, y que tienen directa incidencia con el cambio climático: Explosión demográfica. Economía (Inequidad, dinero fiat, banca central) El fin de los comodities y el mercado de derivados. Transición energética. Tribunal Internacional de Justicia Ambiental (deuda histórica). Alimentación. El agua y los mares. Biodiversidad. Diseño urbano y cuarta revolución industrial. Seguridad global integral. Todo esto en un momento de transición, trampa de Tucídides: Cuando un imperio emergente amenaza a un imperio consolidado se genera el conflicto.

El anfitrión oficial fue el primer ministro británico, Boris Johnson, quien, en un viraje de 180 grados a sus tradicionales posturas conservadoras, hizo un llamado al abandono del carbón como energético primario, y repitió el mantra corporativo de no superar los 1,5 grados centígrados de incremento en la temperatura global, antes de finalizar el siglo XXI, declaraciones cuidadosamente redactadas para ser políticamente correctas de cara a la galería, pero poco convincentes frente a sus hechos, en medio de una crisis mundial sin precedentes, de carácter energético, de suministros, de pandemia, y de escasez de microchips, situación de estrés incrementada en el caso del Reino Unido, por el Bretix.

Para acceder a Glasgow se registraron más de 400 aeronaves, desde aviones ejecutivos hasta el Air Force One, amén de las caravanas terrestres de los lideres mundiales y sus nutridos séquitos, algunas tan extravagantes como la de Biden, en una conferencia definida como excluyente y paradójica, pues el mayor número de delegados acreditados provenían de la industria de hidrocarburos. Algunos se referían a esta situación como si en una conferencia mundial sobre cáncer, el principal protagonista fuera el lobby de la industria del tabaco, una contradicción profunda.

 

El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, fue tan enfático como siempre para advertir acerca del peligro inminente que representa el cambio climático, y también fue atentamente ignorado como de costumbre. El presidente de los Estados Unidos, intentó de manera infructuosa, presentar una imagen de juventud y energía de su persona y de su régimen, cosechando aplausos por el regreso de su país al Acuerdo de París, meta climática improbable de cumplir, e insuficiente a todas luces. Que el petrolero John Kerry, sea el asesor del clima para el actual gobierno demócrata, es un indicador de las reales correlaciones de poder en los temas ambientales y climáticos de la Casa Blanca.

 

La ceremonia de instalación de Cop 26 estuvo engalanada por los hermosos trajes exóticos de loas y los delegados de países remotos y pintorescos, a los ojos de los occidentales, la gran mayoría de estas naciones con mínimas huellas de Co2, pero con unas enormes amenazas inminentes a su supervivencia por el cambio climático, engalanaron la transmisión oficial. 

En medio de este variopinto desfile de culturas, el discurso en remoto del primer ministro de Tuvalú fue impactante, no tanto por lo que dijo, sino desde donde lo dijo; un hombre joven, ataviado como un occidental, de traje y corbata, de pie frente a un atril de primer ministro, con el agua casi a la cintura leyó su discurso a la Cop 26, desde el sitio donde no hace muchos años, era tierra firme y hoy por el aumento del nivel, de las aguas, es mar.

La muy restringida zona donde se llevó a cabo la Cop 26, el Scottish Exhibition Center (SEC) de Glasgow albergó en los 14 días de duración, a cerca de 20.000 personas, en dos zonas, verde y azul, la más restringida e inaccesible. Los viajeros que llegaron a Glasgow, tuvieron cinco días de cuarentena total obligatoria, lo cual no fue obstáculo para que muchas personas, acreditadas en la Cop 26 o activistas ambientales, se dieran cita en esta ciudad, para expresarse frente a la problemática del clima. Esto también genera cuestionamientos alrededor de la huella de Co2 de los y las activistas provenientes de todo el mundo, incluida Colombia, que hicieron presencia en Glasgow, generando una protesta apasionante, pero de resultados muy inciertos, mas allá de las redes sociales y su perecedera actualidad.

El lobby realizado por muchos países antes de la Cop 26, con el ánimo de llegar en posición ventajosa frente a las negociaciones fue un aspecto decisivo para los pobres resultados obtenidos. Mientras en el Scottish Exhibition Center se desarrollaba la Cop 26, en las calles de muchas ciudades del mundo, con epicentro en Glasgow, los activistas ambientales se manifestaban en multitudinarias marchas no violentas, caracterizadas por un derroche de creatividad, donde el teatro, la música, la danza, las pancartas y las consignas convergían en un llamado urgente a los lideres mundiales, clamor que de manera previsible, de nuevo ha sido ignorado por estos. La presencia de la mediática Greta Thunberg, con el apoyo de miles y miles de ciudadanos y ciudadanas, de movimientos como Extintion Rebellion, alentaron vanamente las decisiones de la Cop 26, las cuales quizás, estaban ya, tomadas de antemano.

La ausencia de los mandatarios de China, de Brasil y de Rusia, así como del Papa Francisco, le quitaron relevancia protocolaria al evento, y aunque sus delegaciones participaron de las negociaciones y las declaraciones finales, estas ausencias deliberadas señalan grietas en la comunidad internacional frente al cambio climático y a la geopolítica en plena trampa de Tucídides. La Cop 26 estuvo caracterizada por promesas contraídas por mandatarios que cuando se cumplan dichos plazos, estos personajes deben estar, en el mejor de los casos, fuera del poder, y en otros, ya desaparecidos, de modo que estos compromisos no vinculantes son deudas contraídas para que las paguen otros, mientras los actuales mandatarios posan de responsables, audaces y decididos frente a la catástrofe ambiental. 

 

El doble discurso fue característico de esta Cop 26; mientras se anunciaba con bombos y platillos una condena fuerte al carbón como fuente energética al comenzar la Cop 26, “el fin del carbón está cerca”, se declaraba con grandilocuencia, los países europeos reactivan sus centrales carboníferas frente a la crisis energética, ante el desbordado incremento de los precios de la energía, un invierno que se avecina, y las presiones geopolíticas para aplazar la entrada en funcionamiento del oleoducto North Stream 2, ya no se pudo sabotear su construcción, el cual aliviaría las necesidades energéticas del viejo continente, pero reduciría la influencia de Estados Unidos, quién perdería un mercado para el gas licuado que exporta en barcos y que es mucho más costoso para el viejo continente que el transportado por el oleoducto ruso alemán. Sin embargo, en estos días, mas allá de vanas declaraciones de amistad, la oferta de gas licuado estadounidense se ha desviado y de los puertos europeos ha pasado a los puertos asiáticos, con un precio superior al que pagan los europeos, dejando a sus aliados abandonados a su suerte.

 

China por su parte avanza en la construcción de múltiples centrales carboníferas en su territorio, mientras anunciaba en los días previos a la Cop 26 que cesaría la construcción y financiación de centrales carboníferas fuera de sus fronteras. Por la época de la Cop 26 el carbón alcanzó uno de sus precios internacionales récord. La mina del Cerrejón en Colombia, que había anunciado el cese de operaciones, modifico su decisión frente al repunte de los precios internacionales. El Cerrejón es propiedad del grupo Black Rock, de Larry Fink, uno de los dueños del mundo. 

El tema de justicia climática estuvo totalmente ausente de la agenda oficial, y el tono fue de falso optimismo, comencemos de cero, es una lucha mancomunada, todos debemos sacrificarnos, y las metas son colectivas, olvidando de tajo el pasado, obteniendo amnistía amnésica a la historia y sus consecuencias. Esta matriz está descartando, al menos temporalmente, la creación de un Tribunal Internacional de Justicia Climática, quizás dependiente de la Corte Penal Internacional. Sin embargo, dado que estas decisiones forman parte misional de la ONU, el poder de veto de cualquiera de los cinco miembros del Consejo de Seguridad daría al traste con esta iniciativa.

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Conclusiones

La Cop 26 ha sido otra oportunidad perdida, para muchos la última, en medio de declaraciones grandilocuentes de los líderes, que contrastan con mínimos compromisos de los países, en el marco de conclusiones no vinculantes, pasto de negocios para petroleros e inversionistas, la labor del Grupo de Expertos en Cambio Climático, órgano operativo del Convenio de Cambio Climático, ha sido tan importante como ignorada por los verdaderos núcleos de poder. 
El siguiente gráfico ilustra la poca efectividad de las 26 ferias de la vanidad ambiental y los negocios que monetizan la naturaleza, como algunos han llamado a las Conferencias de las Partes o Cop.

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